
Demolición de las antiguas instalaciones de Indra en San Fernando de Henares, Madrid
Información de Fueyo Editores
En la calle Mar Egeo 4, del polígono industrial de San Fernando de Henares de Madrid, se encuentran las antiguas instalaciones de la empresa Indra, siendo actualmente la propietaria de dichos terrenos la empresa Iron Mountain Data Centers España, S.L.U., compañía que ha tenido que contratar la demolición de los diferentes edificios, soleras, cimentaciones y zonas exteriores, así como la gestión de los residuos, para la posterior construcción de un centro de procesamiento de datos.
Para ello ha contratado al gran especialista nacionalen este tipo de trabajos: Demoliciones Borraz, S.L. una empresa con varias décadas de experiencia, maquinaria de última generación y personal muy cualificado que sabe cómo se realizan este tipo de trabajos. De hecho, Demoliciones Borraz ha realizado en esta obra, de forma eficiente y sostenible, un trabajo impecable de demolición y gestión de residuos en condiciones adecuadas de seguridad y salud para los trabajadores y transeúntes, sin menoscabar o poner en riesgo el estado de las edificaciones colindantes.
TIPOLOGÍA DE LA CONSTRUCCIÓN
Los trabajos en la parcela objeto del proyecto es de forma cuadrada sobre una superficie total de 25.103 m2 catalogada como suelo industrial. Los trabajos de demolición comprendían edificaciones independientes situadas en una parcela de topografía llana, con pendientes inferiores al 2%, encontrándose todos los edificios aislados respecto a las construcciones colindantes.
El edificio principal contaba con dos plantas sobre rasante, sin sótanos, y una altura total de 9,10 metros y su superficie construida total ascendía a los 10.089 m². Por su parte, el edificio de simulación presentaba tres plantas sobre rasante, sin sótanos, con una altura de 12 metros, siendo su superficie útil total es de 13.048 m² y la construida de 1.837 m². El edificio social también disponía de tres plantas sobre rasante, sin plantas bajo rasante, alcanzando una altura de 13,5 metros, siendo su superficie útil es de 3.454 m² y la construida de 528 m². En conjunto, la superficie útil total a demoler era de 12.454 m² y la superficie construida total ascendía a 18.088 m².
Dentro de la parcela existía un semisótano perteneciente a un antiguo edificio de oficinas, cuyas estructuras, muros y cimentaciones fueron completamente demolidas. El árido reciclado resultante de esta demolición se utilizó para el relleno posterior del terreno, asegurando que no quedaron elementos de hormigón soterrados, de acuerdo con las exigencias del futuro uso previsto para la parcela.
Las edificaciones se encontraban en buen estado de conservación, sin ninguna apariencia visible de patologías, reuniendo las condiciones necesarias para el uso al que se destina.
En cualquier tipo de demolición, las características constructivas se tienen siempre en cuenta para la elección del sistema de trabajo y de los medios de demolición a emplear. De ahí que Demoliciones Borraz realizara un estudio pormenorizado antes de comenzar el derribo, obteniéndose la siguiente información:
- La cimentación del conjunto se resuelve mediante zapatas aisladas y corridas de hormigón armado, complementadas con vigas de atado para garantizar la estabilidad estructural. La estructura vertical está compuesta por una solución mixta que combina elementos de hormigón y acero, así como fábrica de ladrillo y bloques de hormigón. Se emplean soportes de acero laminado soldado y soportes mixtos de acero y hormigón, según los requerimientos estructurales de cada zona del edificio.
- En cuanto a la estructura horizontal, los forjados se ejecutan con un sistema unidireccional compuesto por viguetas prefabricadas de hormigón, mientras que las escaleras se presentan en dos tipologías: unas construidas con bóveda de fábrica de ladrillo, y otras con estructura metálica, formadas por zancas y peldaños metálicos.
- La cubierta se resuelve en dos configuraciones. Por un lado, existen cubiertas inclinadas ejecutadas sobre estructura metálica, formadas por correas metálicas que sustentan una cobertura de chapa. Por otro, se contemplan cubiertas planas apoyadas sobre forjados, con pendientes formadas mediante tabiques aligerados y acabadas con impermeabilización y una cobertura de lámina autoprotegida.
Las piezas de gran tamaño, así como los puentes-grúa, fueron retirados por la empresa Grúas Aguilar, un proveedor habitual en todas las obras de Demoliciones Borraz.
SISTEMA DE DEMOLICIÓN, MÉTODOS DE TRABAJO Y MEDIOS A EMPLEAR
Demoliciones Borraz ejecutó la demolición siguiendo el orden inverso al que corresponde a la construcción de una obra nueva, procediendo desde arriba hacia abajo e intentando que la demolición se realizase al mismo nivel, evitando la presencia de personas situadas en las proximidades de elementos que se derribaron o volcaran.
Durante la ejecución de la demolición se han tenido en cuenta una serie de principios técnicos fundamentales para garantizar la seguridad y la correcta secuencia de los trabajos. En primer lugar, se procedió a la eliminación y retirada de todos aquellos elementos que puedan obstaculizar el adecuado desescombrado de la obra. El proceso de demolición se desarrolló de manera descendente, iniciando en las plantas superiores y avanzando planta por planta hasta alcanzar la planta baja. Las plantas fueron aligeradas de forma simétrica, y los escombros se retiraron periódicamente con el fin de evitar sobrecargas que la estructura no pudiera soportar.
Antes de proceder a la demolición de cualquier elemento estructural, se realizó un aligeramiento previo mediante la retirada de los escombros que pudieran estar apoyados sobre ellos. En el caso de cuerpos volados o vigas de grandes luces que pudieran suponer un riesgo elevado, se llevó a cabo su apuntalamiento. Asimismo, se arriostraron aquellos elementos susceptibles de recibir empujes laterales durante la demolición, como ocurre con los muros de sótano o las medianeras, garantizando su estabilidad en todo momento. En el caso de estructuras hiperestáticas, la demolición se realizó siguiendo un orden que minimizara los esfuerzos internos, flechas, giros y desplazamientos, evitando así desequilibrios estructurales no deseados. Se definieron claramente las partes de la obra que corresponden a cada sistema de demolición, procediendo a demoler previamente la zona que corresponde al sistema de elemento a elemento, dejando en equilibrio estable los elementos de la zona que fueran a derribarse por el sistema de colapso. El proceso de demolición se efectuó, en todo caso, de forma manual (elemento a elemento) hasta una altura fácilmente alcanzable por el brazo de las máquinas.
TÉCNICAS APLICADAS
La demolición se llevó a cabo utilizando diferentes métodos en función del tipo de estructura y condiciones específicas de la intervención. Uno de los procedimientos empleados fue el uso de herramientas manuales, especialmente efectivo en trabajos de pequeña envergadura o como preparación para otras técnicas. En estos casos se utilizaron martillos manuales neumáticos, eléctricos o hidráulicos, acompañados de herramientas específicas para labores de demolición.
Para estructuras de mayor resistencia se contempló el uso de martillo hidráulico acoplado a máquina, una solución muy eficaz gracias a su gran potencia de percusión y empuje, además de su movilidad y versatilidad. Este método exige que la base sobre la que opera la máquina soporte adecuadamente la carga transmitida, y que el brazo tenga el alcance necesario para intervenir sobre elementos a demoler en altura. En la demolición de muros o pilares verticales de gran tamaño se extremaron las precauciones para evitar que el desplome de los elementos afectara a la máquina o al operario.
Asimismo, se empló la demolición con cizalla hidráulica, especialmente indicada para estructuras robustas de hormigón armado o con presencia de acero. Este método reduce los riesgos asociados a la vibración de otros sistemas de percusión, ya que se basa en la aplicación de presión mediante mandíbulas mecánicas intercambiables con forma de pinza demoledora, cizalla o demoledor hidráulico, seleccionadas según las características del elemento a demoler. Debido a la gran fuerza de tracción y corte que ejercen, es imprescindible que las máquinas portadoras cuenten con alta estabilidad.
Finalmente, se contempló igualmente la demolición por empuje o tracción. Este método es rápido y presenta bajo riesgo, ya que se ejecuta únicamente con el cucharón de una excavadora, sin necesidad de accesorios específicos. Consiste en empujar lateralmente los elementos a demoler, lo que requiere máquinas altamente estables y una amplia distancia de seguridad, dado el escaso control sobre la dirección de caída. En el caso de la tracción, esta puede realizarse con una máquina equipada con brazo largo, de hasta 25 metros, provisto de herramienta con implementos de demolición. Sin embargo, este método conlleva un impacto ambiental considerable, y los escombros generados deben fragmentarse antes de su transporte.
MAQUINARIA E IMPLEMENTOS UTILIZADOS
Los medios empleados en la ejecución de la demolición responden directamente al sistema y método de trabajo seleccionados, y se agrupan en tres categorías: maquinaria y herramientas específicas para demolición, medios auxiliares de apoyo y mecanismos complementarios de percusión o demolición.
En cuanto a la maquinaria y herramientas previstas, se utilizaron equipos como una cargadora, una excavadora, varios camiones con caja basculante y camiones para transporte de materiales, así como un grupo móvil con machacadora de mandíbulas destinado al tratamiento de los residuos de construcción y demolición. Además, se utilizaron sierras circulares, equipos de soldadura y herramientas manuales diversas según lo requieran las condiciones del trabajo.
Entre los medios auxiliares de apoyo destacaron la grúa autopropulsada y el camión grúa, los cuales facilitarán las operaciones de carga, descarga y manipulación de elementos voluminosos o pesados durante el proceso de demolición.
En lo relativo a los mecanismos de percusión utilizados para la demolición de elementos estructurales, se incluyen diversas soluciones. El martillo picador manual se empleó en tareas específicas de demolición de elementos de hormigón, paredes y suelos con cierta resistencia, siendo especialmente útil en zonas de difícil acceso. Su uso estuvo reservado a personal cualificado provisto del correspondiente equipo de protección individual.
Los martillos hidráulicos se motaron en diferentes equipos y se seleccionaron en función de la masa y volumen del material a demoler, con un rango de peso entre 1.500 y 3.500 kg.
La pinza demoledora se compone de mandíbulas mecánicas intercambiables en forma de pinza, cizalla o demoledor hidráulico. Su funcionamiento se basa en aplicar un esfuerzo cortante de gran magnitud que fractura el elemento a demoler.
El quebrantador hidráulico actúa a través de la perforación de taladros en el material, en los cuales se introducen pistones hidráulicos que aplican una presión intensa contra las paredes internas, provocando la rotura del elemento estructural.
PROCESOS PREVIOS A LA DEMOLICIÓN
En cualquier trabajo de demolición, hay una serie de operaciones previas absolutamente necesarias para poder realizar la ejecución del trabajo. Así, antes de proceder a la demolición de las edificaciones, se notificó de forma fehaciente el inicio de la obra al propietario dado que existen edificaciones en uso en la parcela que pudieran verse afectadas, con el fin de que puedan tomar las medidas preventivas oportunas. Si se considera que la ejecución de la demolición puede entrañar riesgos que pongan en peligro la integridad de los transeúntes, se solicitará al Ayuntamiento la restricción del tráfico rodado y la de los peatones en los espacios públicos afectados, debiéndose señalizar debidamente para impedir de forma permanente el paso de transeúntes por la acera colindante con la obra. En el caso de este trabajo, no hubo que realizar dichas actuaciones.
A continuación, y con anterioridad a la demolición de los edificios, se desconectaron y neutralizaron las acometidas de las instalaciones de acuerdo con las normas de las compañías suministradoras correspondientes, para evitar riesgos de electrocuciones, inundaciones por rotura de tuberías, explosiones o intoxicaciones por gas.
El siguiente paso fue la instalación de medios auxiliares, antes de la ejecución de los trabajos de demolición, así como las protecciones colectivas, para que la demolición se llevara a cabo de forma segura y causara el menor impacto medioambiental. Siguió la limpieza y retirada de materiales peligrosos antes de iniciarse los trabajos de demolición. Se procedió a su limpieza general, a su desinfección y a la retirada de aquellos materiales que fueron catalogados como peligrosos según su código LER. Se retiró la maquinaria y los equipos existentes que puedan molestar o entrañaron un riesgo añadido en la ejecución de la demolición.
La recuperación de los materiales reutilizables, al encontrarse en zonas que entrañó peligro, hizo imprescindible haber instalado previamente los elementos auxiliares y de protección necesarios. Cuando su retirada entró en conflicto con la seguridad de la obra, como en el caso de las barandillas, fueron sustituidos por los elementos de seguridad adecuados antes de iniciar la demolición.
LA DEMOLICIÓN DE LAS INSTALACIONES DE INDRA
El proceso de demolición se inició con la retirada de la cubierta. En primer lugar, se desmontaron los elementos singulares como chimeneas o conductos de ventilación, evitando su caída o acumulación de escombros para prevenir sobrecargas. La demolición del material de cobertura se realizó de forma simétrica desde la cumbrera hacia los aleros, protegiendo los sumideros y desagües para evitar obstrucciones. En cuanto a la estructura, las escaleras se demolieron antes que el forjado que las sustentaba, retirando peldaños y bóvedas desde andamios, utilizando martillos manuales para minimizar vibraciones. Los forjados unidireccionales de hormigón se demolieron tras retirar elementos superiores, asegurando primero los voladizos mediante apuntalamientos ascendentes. Se desmontó el entrevigado antes de cortar las viguetas, las cuales se apuntalaron y cortaron por los extremos. Las vigas también debieron suspenderse o apuntalarse antes de su corte, evitando dejar partes en voladizo sin soporte.
En estructuras horizontales como pórticos y cerchas, no se eliminaron los elementos de arriostramiento hasta apuntalar adecuadamente. Las cerchas se desmontaron por piezas o se bajaron enteras, aseguradas por encima de su centro de gravedad. En cuanto a la estructura vertical, los muros y soportes se liberaron de cualquier elemento que los sobrecargaba. En soportes metálicos, los cortes requirieron aprobación técnica y se hizo de forma controlada en la base del forjado, con apuntalamiento superior. Los muros de hormigón armado se demolieron por franjas verticales. Se pudieron emplear técnicas de empuje para su demolición, asegurando el control de la caída. Los tabiques expuestos al viento no debieron arriostrarse y los pavimentos se desmontaron antes de intervenir el elemento estructural que los soportaba, sin dañar la capa de compresión. Los falsos techos se retiraron antes de demoler la estructura de la que colgaban. Finalmente, los revestimientos se eliminaron con su soporte, salvo que se buscara su recuperación, en cuyo caso se desmontaron anticipadamente. Para los exteriores, se usaron andamios anclados o motorizados, asegurando estabilidad y seguridad durante el picado.
Antes de demoler el cerramiento se comprobó que no existía ningún revestimiento que pudiera desprenderse, en cuyo caso se procedió a la instalación de andamios y de protecciones colectivas. No se desmontaron las carpinterías ni las barandillas de las plantas inferiores de la zona que se estuvo demoliendo, para no afectar a la estabilidad del elemento en el que estaban situadas y evitar que quedaran huecos sin protección. Previa retirada de los vidrios y las carpinterías, se demolieron por técnicas de presión mecánica desde fuera hacia dentro. Cuando el hueco resultante tuvo dimensiones mayores de 1,2 m, se arriostraron convenientemente. A medida que avance la demolición del cerramiento, se fueron retirando los cercos, albardillas y recercados.
Una vez demolidos los edificios a cota de solera, se realizaron el movimiento de tierras para retirar dos tanques. Dichos tanques, antes de su extracción, se realizó una limpieza, desgasificación e inertizado, así como su baja en industria. Como en la demolición completa de las soleras de la parcela no se podía dejar ningún elemento soterrado, antes de las demoliciones de las soleras y las cimentaciones se procedió a la extracción del tanque, trabajo de extracción en el cual estuvo presente un técnico de medioambiente que supervisó las tareas para la confirmación del estado del terreno y garantizar no existían zonas contaminadas. Al tratarse de una excavación en profundidad, las paredes de la excavación se realizaron con taluzado para evitar el corrimiento de tierras. Para la extracción del tanque se utilizó una excavadora para retirar las tierras existentes en el perímetro.
Una vez extraídos los diferentes tanques y sus tuberías de servicio, venteo, descarga e impulsión fueron acopiadas para su gestión correspondiente, y las tierras que rodeaban al tanque se quedaron acopiadas hasta que se realizó las analíticas para determinar su grado de contaminación. El tratamiento lo realizó la empresa Ingema Solutions, una compañia especializada en ingeniería y gestión medioambiental.
Cuando no exista impedimento físico ni se pretenda recuperar ningún elemento de la red de saneamiento, se pudo llevar a cabo la demolición por medios mecánicos, separando sus componentes (tapas, rejillas, arquetas prefabricadas, sumideros, etc.) para la posterior gestión de residuos. Antes de su demolición se comprobó su desconexión de la red general de alcantarillado, taponando el orificio resultante.
Por último, la demolición de las zapatas de hormigón armado y las zapatas corridas de hormigón armado se realizó según el sistema y método de trabajo elegidos con la utilización de las herramientas, maquinaria y medios auxiliares específicos, procediéndose a la retirada de los restos y escombros a medida que se iba demoliendo el cimiento. Quedó totalmente prohibido el sistema de derribo "por descalce" o "por vuelco", consistente en eliminar las partes inferiores que desempeñan una función estructural de sustentación, provocando la pérdida de equilibrio del edificio o de una parte del mismo, al no ofrecer la seguridad deseada, ni permitir un control adecuado de sus consecuencias.
LA GESTIÓN DE LOS RESIDUOS DE LA DEMOLICIÓN
Cualquier obra de demolición que se precie debe de llevar asociada una gestión de los residuos generados, así como unos estudios previos de la estimación de la cantidad de ellos. Demoliciones Borraz, como gran especialista que es en este tipo de trabajos, contó con un estudio pormenorizado, codificándose todos los posibles residuos generados atendiendo a la legislación vigente, "Orden MAM 304/2002. Operaciones de valorización y eliminación de residuos y Lista europea de residuos", dando lugar a los siguientes grupos:
- RCD de Nivel I: Tierras y materiales pétreos, no contaminados, procedentes de obras de excavación. Las tierras y piedras no contaminadas por sustancias peligrosas, reutilizadas en la misma obra, en una obra distinta o en una actividad de restauración, acondicionamiento o relleno, siempre y cuando pueda acreditarse de forma fehaciente su destino a reutilización.
- RCD de Nivel II: Residuos generados principalmente en las actividades propias del sector de la construcción, de la demolición, de la reparación domiciliaria y de la implantación de servicios. Se ha establecido una clasificación de RCD generados, según los tipos de materiales de los que están compuestos:
Desde la contratación de la demolición, fue un requisito cumplir las exigencias del sello Bream Nivel Excelencia, lo que llevó a Demoliciones Borraz a estar implicada en todos los conceptos de reciclaje. Los niveles de calidad de esta obra exigían un grado de recuperación y control medioambiental máximos para la obtención del sello Bream nivel Excelencia.
En su grado más alto, no sólo hay que realizar una gestión impecable de los residuos (tratamiento de gases de enfriadoras, tanques de gasóleo, luminarias o tubos de neón), también se exige un control absoluto del consumo de materias primas, gasóleo, huella de carbono, agua, etc., habiendo estado todo controlado en la obra desde sus inicios. En esta demolición se ha alcanzado un reciclaje del 85% de todos los residuos generados.
Se estimaron la cantidad de residuos generados en la demolición, a partir de la medición aproximada de las unidades de obra que componían el edificio a demoler, considerando sus características constructivas y tipológicas, en función del peso de los materiales integrantes de dichas unidades de obra. A partir del peso del residuo, se estimó su volumen mediante una densidad aparente definida por el cociente entre el peso del residuo y el volumen que ocupa una vez depositado en el contenedor. Los resultados se resumen en RCD de naturaleza no pétrea con un peso de 699.500 t y un volumen de 417.236 m3, RCD de naturaleza pétrea con un peso de 9.125.558 t y un volumen de 6.459.439 m3 y RCD potencialmente peligrosos con un volumen de 178.494 t y un volumen de 123.079 m3.
Como criterio general, se adoptaron medidas previas a la demolición para planificar y optimizar la gestión de los residuos generados. Se priorizó la separación selectiva de los residuos con el fin de facilitar su reciclaje o reutilización, apostando por la deconstrucción frente a la demolición indiferenciada, ya que permitía separar adecuadamente los elementos reutilizables, reciclables y los destinados a vertedero. Durante los trabajos, se preservaron los materiales con potencial de valorización, evitando golpes que deterioren los reutilizables y evitando la mezcla de los reciclables con residuos contaminantes o que dificultasen su valorización. Además, se llevó un registro detallado de las cantidades y características de los residuos transportados hasta los gestores autorizados, controlando su naturaleza y destino final.
Una vez realizada la demolición selectiva, en la que se generó la separación de los residuos de carácter pétreos y no pétreos, estos últimos fueron acopiados por naturalezas esperando que cada gestor autorizado se los llevara para su correcta gestión, mientras que los residuos de naturaleza pétrea fueron reducidos mediante un grupo móvil con machacadora de mandíbulas hasta el tamaño 0-60 mm sugerido por la propiedad, generando unos áridos reciclados que se volverán a utilizar en la construcción del futuro Centro de Procesamiento de Datos.
En definitiva, la empresa Demoliciones Borraz ha vuelto a sorprender con un excelente trabajo de demolición y gestión de residuos que sólo una compañía con la experiencia y el buen saber hacer Borraz es capaz de ejecutar. La calidad, rapidez de ejecución y compromiso de Demoliciones Borraz consolida todavía más la excelente relación que hay entre esta empresa madrileña e Iron Mountain Data Centers España.
DONACIONES Y ECONOMÍA CIRCULAR
En el marco del desmantelamiento, demolición y reciclaje del complejo de edificios en el polígono de San Fernando de Henares (Madrid), la empresa Demoliciones Borraz, en coordinación con Iron Mountain, puso en marcha una destacada iniciativa de reutilización y donación de mobiliario de oficina. Esta acción responde al compromiso de ambas compañías con la sostenibilidad y el medio ambiente, fomentando la segunda vida de enseres que, pese a presentar pequeños desperfectos, conservaban un estado adecuado para su uso.
Antes de proceder a la demolición de los edificios, se identificaron y retiraron numerosos elementos de mobiliario tales como mesas, armarios, cajoneras, percheros y papeleras. Dichos enseres fueron trasladados a una zona de acopio próxima a la entrada de la obra, lo que permitió coordinar la recogida con diferentes entidades interesadas en recibirlos. Una vez acordada la entrega, los centros educativos, colegios, institutos y residencias infantiles de menores tutelados por la Comunidad de Madrid se desplazaron hasta la obra para cargar los lotes asignados en sus propios medios de transporte.
El proceso incluyó además un sistema de trazabilidad mediante certificados. Cada centro beneficiario emitió un certificado de reutilización o donación, firmado por su director, en el que se indicaba el material recibido y la fecha de entrega. De esta manera, Demoliciones Borraz e Ingema pudieron acreditar el destino final del mobiliario y los centros incorporarlo a su inventario oficial. Esta práctica no sólo evita el coste adicional que supondría el reciclaje, sino que asegura que los enseres sigan teniendo utilidad en entornos donde resultan necesarios, como despachos de personal educativo, salas de estudio para menores, espacios de juego o salas polivalentes.
La mayoría de las entidades beneficiarias forman parte de la red de residencias infantiles de la Comunidad de Madrid gestionadas por la Dirección General de la Infancia, Familias y Natalidad (DGIFN). Más de 20 fueron los centros que recibieron mobiliario, siendo un esfuerzo que se complementó con la colaboración de fundaciones y voluntarios, coordinados a través de QSafety, para la organización de mudanzas en otros edificios del complejo, como el destinado a simuladores de oficinas.
La operación constituyó un claro ejemplo de cómo las empresas del sector de la demolición pueden integrar la sostenibilidad en sus procesos, reduciendo el impacto ambiental de sus actividades y, al mismo tiempo, generando un beneficio social directo. Al reutilizar y donar mobiliario, se disminuye la generación de residuos y se contribuye a mejorar las condiciones de trabajo y estudio de colectivos especialmente sensibles, como los menores tutelados.
En definitiva, el proyecto liderado por Demoliciones Borraz junto con Iron Mountain y en colaboración con diversas fundaciones demuestra que la economía circular es posible también en entornos de demolición y desmantelamiento. Lo que inicialmente podría considerarse un residuo se convierte en un recurso valioso, capaz de prolongar su vida útil y aportar valor a la comunidad. Esta práctica, además de eficiente y responsable, constituye un modelo inspirador que refuerza el compromiso empresarial con el medio ambiente y la sociedad.
LA MAQUINARIA DE DEMOLICIONES BORRAZ: UNA FLOTA MODERNA Y VERSÁTIL AL SERVICIO DE LA DEMOLICIÓN
Demoliciones Borraz ha consolidado su liderazgo en el sector gracias a una flota de maquinaria que combina potencia, versatilidad y tecnología de vanguardia. Cada equipo ha sido seleccionado para responder a las necesidades específicas de los proyectos de demolición, desde intervenciones de precisión en entornos urbanos hasta derribos de grandes estructuras industriales. Esta estrategia de inversión en maquinaria avanzada asegura la máxima eficiencia, seguridad y sostenibilidad en cada obra.
El núcleo de la flota está formado por sus excavadoras de cadenas, entre las que destacan modelos de gran fiabilidad de la marca Hitachi. La Zaxis 8.5 USB, compacta y manejable, resulta ideal para trabajos de precisión en espacios reducidos, mientras que las Zaxis 250 LCN y Zaxis 300 LCN aportan la robustez necesaria para demoliciones de media y gran envergadura. A ellas se suman la Volvo EC300E NL, que combina eficiencia de consumo con alta productividad, y la Hyundai 250, una máquina versátil que refuerza la capacidad operativa en diferentes tipos de obra.
Para trabajos que requieren un alcance superior, Demoliciones Borraz dispone de excavadoras de brazo largo, esenciales en demoliciones de altura. La Doosan de brazo largo de 20 metros ofrece un excelente equilibrio entre alcance y estabilidad, mientras que la Volvo EC380E HR, con un brazo de 25 metros, representa la máxima especialización en el derribo controlado de edificios de gran altura, garantizando seguridad y precisión en cada movimiento.
La flota se complementa con excavadoras de ruedas, como las Liebherr Litronic 914 y 924, que proporcionan una gran movilidad y flexibilidad en terrenos urbanos y obras con necesidad de desplazamientos rápidos. Estas máquinas destacan por su eficiencia en tareas de carga y manipulación de materiales, optimizando tiempos y reduciendo costes operativos.
En cuanto a equipos de carga, la compañía cuenta con la cargadora Hitachi W180, diseñada para la manipulación ágil de escombros y materiales derivados de las demoliciones. Su potencia y capacidad de carga permiten mantener un flujo continuo en la retirada y clasificación de residuos, aspecto clave para cumplir con los estándares medioambientales y de reciclaje.
Un elemento diferenciador de la flota es el grupo móvil Metso J90 con machacadora de mandíbulas, que posibilita el triturado de materiales directamente en obra. Esta tecnología no sólo reduce la necesidad de transporte de RCD, sino que facilita la reutilización de áridos reciclados, en línea con la apuesta de la empresa por la economía circular y la sostenibilidad.
La versatilidad de todos estos equipos se ve reforzada por más de 25 implementos especializados, entre los que se incluyen demoledores primarios y secundarios, multiprocesadores, martillos hidráulicos, cazos y cazos trituradores. Esta amplia gama de accesorios permite adaptar cada máquina a las necesidades concretas de la demolición, ya sea fragmentando hormigón armado, cortando acero o triturando escombros para su reciclaje.
En conjunto, la flota de Demoliciones Borraz representa una combinación perfecta de potencia, tecnología y especialización. Gracias a ella, la empresa garantiza a sus clientes soluciones de demolición seguras, eficientes y respetuosas con el medioambiente, consolidando su posición como referente del sector en España.
BORRAZ CON LOS ESTUDIANTES
Durante los trabajos de demolición, estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Alcalá y de la Politécnica de Madrid visitaron el proyecto de Iron Mountain Data Center en San Fernando de Henares. Desde Demoliciones Borraz se apuesta por este tipo de iniciativas que permiten a los alumnos complementar su formación académica con la experiencia práctica en obra. Durante las diferentes jornadas se recorrió la zona de demolición de las naves preexistentes, realizada con maquinaria de gran tonelaje y con especial atención al reciclaje y recuperación de materiales. Posteriormente, se visitó la fase de edificación desde las oficinas de TSL, con la participación del equipo de arquitectura de Quark contratado por Iron Mountain. La actividad fue posible gracias a la colaboración de empresas como Iron Mountain Data Center, TSL, Elecnor, Veolia, Qsafety y Quark, así como al personal que acompañó y explicó el desarrollo del proyecto. Este tipo de visitas fomentan la interacción entre universidad y empresa, aportando a los estudiantes conocimientos prácticos y a las compañías la posibilidad de conectar con futuros profesionales del sector
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